El presente artículo examina el discurso de Augusto Pinochet en el evento de Chacarillas de 1977, donde se conmemora el Día de la Juventud y se establece un vínculo simbólico entre la juventud y el régimen militar. Se argumenta que la juventud es presentación como un pilar fundamental en el proyecto político del régimen, considerado como una generación de restauración, libre de vicios políticos y herederos de una tradición cristiana e hispánica. A través de un análisis crítico, se destaca cómo la dictadura buscó redefinir la democracia mediante la creación de una nueva institucionalidad que enfatiza la necesidad de un orden autoritario. Este orden tiene como objetivo proteger los valores nacionales y la soberanía frente a influencias externas, al tiempo que critica la concepción de la juventud como desvinculada del pasado. El artículo invita a reflexionar los impactos de esta ideología en lo que ha sido la construcción de la identidad nacional chilena, así como en el futuro del país.